La nueva Orden de Vedas 2026‑2027 en Castilla‑La Mancha ya está sobre la mesa y consolida una tendencia que muchos cazadores venían reclamando: una apuesta firme por la caza como herramienta esencial para el equilibrio del medio natural. La normativa, publicada en el DOCM, no solo fija fechas, sino que refuerza el papel del sector cinegético como aliado directo en la gestión del territorio.
La temporada mantiene su estructura habitual, con inicio el 8 de octubre y cierre el 8 de febrero para la caza menor, extendiéndose hasta el 21 de febrero en el caso de la caza mayor. Un calendario conocido que aporta estabilidad y planificación al cazador. [docm.jccm.es]
Pero donde realmente destaca esta nueva Orden es en su enfoque: más gestión activa y más protagonismo del cazador en el campo. La Administración refuerza el control de los ungulados, especies que han experimentado un importante crecimiento en los últimos años. Para ello, se incrementan los cupos, especialmente en hembras, lo que permitirá actuar con mayor eficacia en el control poblacional de ciervos, corzos, gamos y cabra montés.
Este incremento no solo responde a una necesidad ambiental, sino que abre también la puerta a una actividad cinegética más dinámica y útil, en la que el cazador se convierte en pieza clave para mantener el equilibrio entre fauna, agricultura y biodiversidad.
El jabalí, por su parte, sigue siendo una de las grandes prioridades. La posibilidad de su caza durante todo el año, especialmente mediante aguardos, confirma que la gestión de esta especie requiere constancia y compromiso continuo. Una decisión que reconoce el papel del cazador en la prevención de daños y en el control de poblaciones cada vez más numerosas.
Uno de los titulares más esperados llega con la tórtola europea. Por segundo año consecutivo, se autoriza su caza, aunque bajo un modelo controlado y responsable. Solo se podrá cazar durante dos días concretos en agosto y en cotos previamente autorizados, dentro de un cupo regional cerrado. Una medida que refleja claramente el camino: conservación y aprovechamiento pueden ir de la mano cuando hay buena gestión.
Además, la Orden introduce avances en el control y seguimiento de las capturas, con un mayor peso de herramientas digitales que permitirán mejorar la calidad de los datos y la transparencia de la actividad. Esto no solo beneficia a la Administración, sino que refuerza la imagen del cazador como gestor comprometido y responsable.
En conjunto, la normativa consolida un modelo de caza moderno, basado en criterios técnicos, pero con un enfoque claramente positivo hacia el sector. Se reconoce el valor social, económico y ambiental de la caza, y se refuerza su papel como parte fundamental de la solución a los retos del medio rural.
La temporada 2026‑2027 no supone una revolución en fechas, pero sí en mensaje: más oportunidades para el cazador, más responsabilidad en la gestión y un reconocimiento cada vez mayor de que la caza bien entendida es una herramienta imprescindible para conservar el campo.