La Peste Porcina Africana (PPA) no mata a las personas, pero para los cerdos y los jabalíes es casi siempre mortal. Cuando entra en una zona, no solo afecta a las granjas: cambia por completo la situación de las poblaciones de jabalí y la forma de cazarlos durante años.
Para hacerse una idea de lo que puede pasar aquí, basta mirar lo que ha ocurrido en algunos países europeos que llevan tiempo peleando con la enfermedad.
Alemania y Polonia: muchos menos jabalíes… pero no desaparecen
En Alemania, la enfermedad entró primero por el este, ligada a los jabalíes de la frontera con Polonia. En esas zonas los censos y las estadísticas de capturas muestran lo mismo: la población de jabalí se desploma al principio. La combinación de enfermedad, retirada de cadáveres y caza intensiva en los cinturones exteriores deja las manchas muy por debajo de los niveles que había antes.
Pero, y esto es importante, el jabalí no desaparece. Cuando el virus se queda instalado en el medio, como ha pasado en parte de Alemania y sobre todo en Polonia y los países bálticos, la población se mantiene más baja, con “baches” fuertes tras los picos de enfermedad, y recuperaciones parciales cuando pasan unos años sin brotes tan intensos. Es decir: hay menos jabalí que antes, pero sigue habiendo, y en cuanto se relaja la presión de caza o mejora la situación sanitaria, la especie vuelve a remontar.
En Polonia y alrededores ocurrió algo parecido: al principio, grandes caídas de densidad, sobre todo en las zonas más afectadas. Aun así, en muchos distritos la especie se ha mantenido gracias a su enorme capacidad reproductiva. Eso sí, las administraciones han dejado claro que, sin retirada de cadáveres y sin una caza muy enfocada a bajar densidades, el virus puede seguir circulando años precisamente porque aún quedan suficientes jabalíes como para mantenerlo.
Bélgica: de una zona llena de jabalíes a prácticamente vaciarla
El caso belga fue distinto porque el foco estuvo muy localizado en una gran mancha forestal. Allí, antes de la peste, había una densidad de jabalí elevada, con una caza muy consolidada.
Primero se “congeló” la zona: se prohibió la caza y casi cualquier actividad. En esa fase, la población de jabalí se redujo sobre todo por la enfermedad y por la retirada de cadáveres. Después vino la fase de caza intensiva, muy organizada y con objetivos claros de reducir la población al mínimo.
El resultado, a efectos de jabalí, fue casi una “barrida”. En el área infectada la densidad quedó muy por debajo de lo que había antes. Durante un tiempo, en algunas partes prácticamente dejaron de verse jabalíes. Posteriormente, con el paso de los años y el virus controlado, el jabalí ha ido reapareciendo desde zonas colindantes, pero partiendo de densidades muy bajas y con una gestión mucho más estricta que antes del brote.
En resumen: en aquella zona el jabalí no se extinguió para siempre, pero sí se llevó la población a mínimos históricos para poder cortar de raíz la circulación del virus.
República Checa: foco pequeño, bajada fuerte y control casi total
En la República Checa el foco fue muy localizado, cerca de Zlín. Es un buen ejemplo de lo que pasa cuando se combina un área pequeña con medidas muy agresivas.
En el núcleo más cerrado, la población de jabalí prácticamente desapareció: entre la enfermedad, la retirada de cadáveres y la caza selectiva, durante un tiempo quedó muy poco animal. En las zonas de alrededor, donde se permitió la caza de forma intensiva, las densidades bajaron bastante respecto a los años previos.
La diferencia con otros países es que, al ser un foco limitado, pudieron mantener esa presión hasta “limpiar” la zona. ¿Qué se vio después? Que el jabalí volvía a entrar poco a poco desde fuera, pero ya no en forma de sobrepoblación como la que tenían antes de la PPA, sino con números mucho más contenidos. A día de hoy, allí el jabalí sigue presente, pero la enfermedad dejó una huella clara: poblaciones reseteadas y mucho más controladas.
Suecia: un ejemplo reciente con una zona casi vacía de jabalí
Suecia es un caso muy reciente. Allí detectaron la enfermedad en una zona concreta, y las autoridades respondieron cerrando un área enorme, de cientos de kilómetros cuadrados, con prohibición total de acceder al monte. Durante meses, la principal “actividad” fue buscar cadáveres de jabalíes y retirarlos.
En esa zona, el jabalí, que ya de por sí no tenía las densidades de Centroeuropa, ha quedado reducido a muy pocos ejemplares. La combinación de enfermedad, cierre del terreno, búsqueda activa de muertos y control posterior ha dejado la población en mínimos. Como en otros casos, no hablamos de extinción absoluta, pero sí de manchas donde de repente pasa de ser un animal común a ser algo muy raro de ver.
Fuera del área de restricciones, en cambio, el jabalí se mantiene, y precisamente ese contraste es lo que recuerda que, si no se controla, tiene capacidad para volver a ocupar el espacio en cuanto se relajen las medidas.
En resumen: ¿qué le pasa al jabalí cuando llega la peste porcina africana?
Si miramos todos estos ejemplos juntos, se ve un patrón bastante claro:
En las zonas donde el virus pega fuerte, las poblaciones se hunden. La suma de mortalidad por la enfermedad, ausencia de reproducción durante varios años seguidos y, en muchos sitios, caza intensa y retirada de cadáveres, hace que los jabalíes pasen de “sobran jabalíes” a “casi no se ven”.
El jabalí rara vez desaparece del todo. Es una especie muy resistente y muy prolífica. Cuando el virus deja de circular con tanta intensidad o cuando se levantan restricciones, las poblaciones tienden a recuperarse desde niveles muy bajos, entrando animales desde zonas limpias o menos afectadas.
En los países donde la PPA se ha quedado instalada, como parte de Polonia o Alemania, la situación se estabiliza en algo así como “menos jabalí que antes, pero con picos y valles”. No es la superpoblación de hace años, pero tampoco un monte vacío.
Allí donde se ha apuntado a erradicar el foco, como Bélgica o República Checa, se ha llegado a dejar prácticamente vacías algunas áreas, y luego se permite una recolonización muy controlada.
Para la caza, esto tiene una consecuencia evidente: la enfermedad puede convertir un coto con demasiados jabalíes en un terreno donde, durante varios años, casi no se tira un tiro, y después obligar a gestionar la recuperación con mucho más cuidado que antes.