El verano es una de las épocas más determinantes para el desarrollo óptimo de las cuernas en ciervos y gamos. Una gestión adecuada en estos meses críticos puede marcar la diferencia entre trofeos promedio y ejemplares excepcionales. A continuación, te explicamos qué factores clave cuidar y qué acciones concretas poner en práctica para maximizar el potencial de tus animales.
El crecimiento de la cuerna es un proceso extremadamente demandante a nivel energético y mineral. Las cuernas están formadas principalmente por proteínas y minerales como calcio y fósforo, que deben estar disponibles en cantidad y calidad suficientes.
Qué hacer:
Suplementar la alimentación con piensos ricos en proteína bruta (mínimo 16–18%) y minerales específicos para cuernas.
Proporcionar bloques minerales con calcio, fósforo, magnesio y oligoelementos esenciales.
Asegurarse de que dispongan de agua limpia y fresca en todo momento, ya que la hidratación es clave para la asimilación de nutrientes.
Mantener pastos en buen estado mediante siegas selectivas y riegos si es posible.
La salud general del animal influye de forma directa en la calidad de la cuerna. Parásitos internos y externos pueden provocar pérdida de condición corporal y mermar su capacidad de producir tejido óseo de calidad.
Qué hacer:
Realizar desparasitaciones periódicas (a inicios del verano y a mitad de temporada).
Vigilar la presencia de garrapatas, sarna o mosca del ciervo y aplicar tratamientos cuando sea necesario.
Observar el comportamiento y la condición física para detectar animales enfermos o débiles a tiempo.
El estrés constante interfiere con los procesos metabólicos implicados en la mineralización de la cuerna y la producción hormonal.
Qué hacer:
Limitar el tránsito de personas y vehículos en áreas de querencia.
Evitar manipulaciones innecesarias mientras la cuerna está en crecimiento y en estado de borra.
Disponer zonas de sombra y refugio durante las horas más calurosas.
Un exceso de individuos compitiendo por recursos implica que muchos ejemplares no alcanzarán su máximo potencial.
Qué hacer:
Mantener una densidad poblacional adecuada en función de la capacidad de carga del hábitat.
Practicar la selección genética y de manejo retirando animales que muestran cuernas defectuosas de manera reiterada.
Favorecer la presencia de machos adultos en su mejor momento (4-7 años), ya que son los que pueden desarrollar trofeos de máxima calidad.
El seguimiento durante todo el verano permite valorar evolución y planificar actuaciones posteriores.
Qué hacer:
Usar cámaras de fototrampeo o hacer recechos de observación para controlar el desarrollo de cada ejemplar.
Tomar registros fotográficos periódicos para comparar progresos y anotar incidencias.
A finales del verano (finales de agosto y septiembre), las cuernas comienzan el proceso de desborre (pérdida de la borra que las recubre). Esta etapa es delicada.
Qué hacer:
Evitar molestias que puedan provocar golpes o lesiones.
Garantizar alimentación de mantenimiento y recuperación tras el esfuerzo de crecimiento.
Valorar qué ejemplares conservar y cuáles extraer en función del resultado final de la cuerna.
Alimentación rica en proteína y minerales.
Salud y control parasitario.
Reducción del estrés.
Control de densidad y selección genética.
Seguimiento periódico.
Preparación para el desborre.
Con una buena planificación y atención a estos factores, tus ciervos y gamos estarán en las mejores condiciones para producir cuernas de gran calidad en la próxima temporada de caza