La temporada cinegética 2026‑2027 en Andalucía llega marcada por una de las medidas más relevantes de los últimos años: la imposición de nuevas restricciones en la caza de la liebre ibérica. La decisión responde a la evolución negativa de sus poblaciones, que desde hace años muestran señales de declive, lo que ha obligado a la administración a intervenir con medidas específicas para garantizar su conservación.
La liebre ibérica es una de las especies más representativas de la caza menor en España, especialmente en el sur peninsular. Sin embargo, su situación ha cambiado de forma significativa en la última década. Factores como la expansión de enfermedades, entre ellas la mixomatosis que afecta a la especie desde 2018, junto con la transformación de los usos agrícolas han provocado un descenso progresivo de sus poblaciones.
Este contexto ha llevado a que la administración andaluza adopte un enfoque de gestión más restrictivo para la temporada 2026‑2027. La normativa introduce limitaciones concretas que impactan directamente en la práctica cinegética. En primer lugar, se reduce el número de días hábiles para la caza de la liebre, quedando limitada a determinados días de la semana, con el objetivo de disminuir la presión sobre la especie. En segundo lugar, se establece un cupo máximo de capturas por cazador y jornada, fijando un límite que permita controlar el impacto directo sobre las poblaciones. Además, se introducen restricciones adicionales en modalidades tradicionales, especialmente en determinados periodos finales de temporada, en los que se prohíben algunas prácticas cinegéticas salvo en el marco de competiciones oficiales.
El objetivo no es eliminar la actividad cinegética, sino adaptarla a la realidad biológica de la especie. La reducción del esfuerzo de caza, tanto en número de días como en capturas permitidas, busca favorecer la recuperación de las poblaciones en el medio plazo.
Desde el punto de vista del sector cinegético, estas limitaciones suponen un cambio relevante. En muchas zonas rurales, la caza de la liebre tiene una fuerte implantación cultural y económica, vinculada a modalidades tradicionales que forman parte del patrimonio local.
Para los cazadores y gestores de cotos, la nueva regulación implica una adaptación en la planificación de la temporada. Será necesario ajustar los calendarios de actividad, realizar un control más exhaustivo de las capturas y prestar una mayor atención al seguimiento del estado de las poblaciones en cada terreno. En este sentido, la gestión cinegética adquiere un papel clave, no solo como actividad económica o recreativa, sino como herramienta de conservación del medio natural.