La codorniz común se ha convertido en las últimas semanas en uno de los temas más controvertidos del panorama cinegético en España y en Europa. Peticiones de moratoria, estudios científicos con conclusiones opuestas, presión de la Comisión Europea y una respuesta firme del sector cazador han colocado a esta especie migratoria en el centro del debate justo cuando se comienza a mirar a la próxima media veda.
El punto de inflexión llegó el 24 de marzo de 2026, cuando SEO/BirdLife solicitó formalmente al Gobierno de España y a la Comisión Europea la suspensión total de la caza de la codorniz. La organización ecologista basa su petición en los datos del programa SACRE y del sistema europeo de seguimiento de aves comunes, que reflejan un descenso del 60,4 % de la población en España entre 1998 y 2024 y una pérdida aproximada del 63 % en la ruta migratoria occidental europea. Según esta interpretación, la especie mantiene una tendencia negativa estructural que, de acuerdo con la Directiva Aves, impediría legalmente su aprovechamiento cinegético mientras no se constate una recuperación clara.
SEO/BirdLife considera que medidas parciales como la reducción de cupos o la limitación de días de caza no son suficientes ante la magnitud del declive y defiende que la única opción coherente desde el punto de vista legal y biológico sería una moratoria temporal acompañada de planes de recuperación del hábitat. Esta solicitud ha reavivado un conflicto que lleva años latente, pero que ahora se produce en un contexto especialmente sensible tras el precedente de la tórtola europea.
La reacción del sector cinegético no se ha hecho esperar. La Real Federación Española de Caza, junto con federaciones autonómicas y varias comunidades autónomas, ha defendido públicamente la continuidad de la caza regulada de la codorniz, rechazando la imposición de una moratoria generalizada. Su postura se apoya en los datos del Proyecto Coturnix, el mayor programa de seguimiento específico de la codorniz desarrollado en España, basado en la participación de miles de cazadores y decenas de áreas de estudio repartidas por todo el territorio nacional.
Según Coturnix, la población de codorniz muestra una realidad mucho más heterogénea de la que reflejan los censos tradicionales. En numerosas zonas agrícolas se observaría estabilidad poblacional e incluso incrementos locales, siempre que el hábitat sea adecuado. El método de seguimiento específico de codorniz, basado en escucha activa de machos durante el periodo reproductor, detecta entre tres y seis veces más ejemplares que los métodos pasivos empleados en otros programas de seguimiento. Desde esta perspectiva, la caza no sería el principal factor limitante de la especie y podría mantenerse de forma sostenible si va acompañada de una gestión correcta del medio agrario.
Uno de los aspectos más discutidos actualmente es el hecho de que los datos del Proyecto Coturnix no hayan sido incorporados plenamente en las evaluaciones utilizadas por la Comisión Europea. En foros técnicos recientes, representantes de las administraciones han reconocido que no existe todavía un conocimiento científico completo ni consensuado sobre el tamaño real de las poblaciones de codorniz en España, ni sobre el peso relativo de la caza frente a otros factores estructurales.
En ese punto, incluso entre posturas enfrentadas empieza a existir un terreno común. Cada vez hay mayor coincidencia en señalar que los principales problemas de la codorniz están ligados a la transformación del medio agrario: intensificación de cultivos, desaparición de barbechos, siegas cada vez más tempranas y generalización del uso de fitosanitarios. La codorniz es una especie muy reproductiva, pero extremadamente dependiente de los sistemas cerealistas tradicionales, y cualquier análisis que ignore este contexto resulta incompleto.
Por su parte, el Gobierno español ha optado, al menos por ahora, por una vía intermedia. A mediados de marzo de 2026 confirmó que trasladará a Bruselas una propuesta para introducir restricciones en el aprovechamiento cinegético de la codorniz, pero descartó de momento una moratoria total. Entre las medidas que se barajan están los ajustes de cupos, posibles limitaciones temporales o territoriales y el refuerzo de los programas de seguimiento científico como requisito para autorizar la caza.
La decisión final no se adoptará en España de forma unilateral. Será la Comisión Europea, a través del Comité NADEG, la que evalúe en los próximos meses si las medidas planteadas son suficientes y compatibles con la Directiva Aves. La resolución definitiva se espera, previsiblemente, entre mayo y junio de 2026.
Mientras tanto, el calendario cinegético avanza. Algunas comunidades autónomas, como Extremadura, ya han publicado sus órdenes de veda para la temporada 2026‑2027, manteniendo la media veda de codorniz. Otras regiones, sin embargo, han optado por la prudencia y esperan a conocer el posicionamiento europeo. Esto significa que la media veda de 2026 no está cancelada, pero tampoco completamente asegurada en todo el territorio.
La próxima primavera será clave. Todo apunta a un escenario de mayor regulación y control, más que a una prohibición inmediata. La codorniz seguirá, al menos por ahora, en el centro del debate cinegético europeo, y su futuro dependerá tanto de las decisiones políticas como de la capacidad de gestionar de forma responsable el medio rural del que depende.