Tras varios años de veda, la tórtola europea vuelve a estar presente en los calendarios cinegéticos de comunidades como Castilla-La Mancha y Catalunya. Esta decisión, basada en criterios técnicos y científicos, ha generado debate entre ecologistas y cazadores. Desde el mundo cinegético, se defiende como una medida de gestión responsable, que demuestra el compromiso del sector con la conservación de la biodiversidad.
La prohibición de cazar tórtolas se estableció por el descenso de sus poblaciones. Sin embargo, en los últimos años se han implementado planes de mejora del hábitat, restricciones de cupos y periodos de caza muy limitados, que han dado resultados positivos. Estudios recientes muestran signos de recuperación, lo que ha permitido reintroducir su caza de forma controlada y sostenible.
Lejos de ser una amenaza, el cazador es un agente activo en la conservación:
Estas acciones no solo benefician a la tórtola, sino que contribuyen al equilibrio ecológico de los ecosistemas rurales.
La protección absoluta de una especie no siempre garantiza su recuperación. En cambio, una gestión adaptativa, basada en datos y en la colaboración entre administraciones, científicos y cazadores, puede ser más eficaz. La caza regulada permite:
La vuelta de la tórtola a la actividad cinegética no es una licencia para el abuso, sino una oportunidad para demostrar que la caza puede ser compatible con la conservación. Con responsabilidad, ciencia y compromiso, el cazador puede ser parte de la solución, no del problema.