La gestión de la fauna silvestre en España, especialmente en lo que respecta a especies cinegéticas como ciervos, jabalíes y conejos, ha generado un debate creciente sobre la eficacia y ética de los métodos empleados. En particular, la utilización de capturaderos financiados con fondos públicos frente a la caza regulada ha sido objeto de controversia.
Capturaderos: una solución cuestionada
En el Parque Nacional de Monfragüe, la prohibición de la caza desde 2020 ha llevado a un aumento significativo de la población de ungulados. Para controlar esta sobrepoblación, la Junta de Extremadura ha destinado cerca de 350.000 euros a la empresa pública TRAGSA para implementar métodos de captura en vivo mediante cercones, donde los animales son atraídos con comida y posteriormente sacrificados. Esta medida ha sido criticada por organizaciones como APROCEX, que consideran que se están utilizando fondos públicos para prácticas menos eficaces y más costosas que la caza regulada.
De manera similar, en el Parque Nacional de Cabañeros, aunque se emplean métodos de captura en vivo, la mayoría de los animales capturados terminan siendo sacrificados. El proceso implica atraer a los animales con alfalfa hasta que ganan confianza y entran en los capturaderos, lo que también ha suscitado preocupaciones sobre el bienestar animal.
Caza regulada: una alternativa con beneficios económicos
La caza regulada no solo contribuye al control de poblaciones de fauna silvestre, sino que también genera beneficios económicos significativos. Según el informe actualizado de la Fundación Artemisan (2023), en colaboración con Deloitte y el Ministerio de Agricultura:
La actividad cinegética generó 10.190 millones de euros de aportación al PIB nacional (0,62 % del total), con un gasto directo de 8.699 millones de euros. El Estado ingresó 1.200 millones de euros en impuestos (IVA, IRPF, Sociedades), más 190 millones por licencias y tasas específicas. El sector mantiene 199.000 empleos, de los cuales más del 80 % se ubican en municipios rurales, ayudando a fijar población.
Conclusión
La gestión de la fauna silvestre en España enfrenta el desafío de equilibrar conservación ambiental, bienestar animal y retorno económico. Mientras los capturaderos representan una herramienta pasiva y costosa financiada con dinero público, la caza regulada ofrece una alternativa activa, generadora de empleo y compatible con la sostenibilidad del medio rural.
Una evaluación rigurosa, basada en datos y resultados, es clave para decidir si el dinero público se invierte mejor en control silencioso o en dinamizar el territorio con herramientas como la caza legal, responsable y regulada.