Caza menor en declive: el campo necesita más gestión, no menos cazadores

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La caza menor atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Perdiz roja, liebre, conejo, codorniz y otras especies que durante generaciones formaron parte esencial del paisaje rural han visto cómo sus poblaciones se reducen en muchas zonas.

La pregunta es clara: ¿qué está matando más a la caza menor: la predación, la agricultura intensiva, la falta de agua o la mala gestión?

La respuesta no es sencilla, porque el problema no tiene una sola causa. Precisamente por eso, el sector cinegético lleva años defendiendo una idea que cada vez resulta más evidente: sin gestión del territorio, no hay biodiversidad; y sin cazadores comprometidos, muchas zonas rurales perderían una parte fundamental de esa gestión.

El deterioro del hábitat es el gran enemigo silencioso.

Cuando desaparecen linderos, barbechos, majanos, puntos de agua, siembras tradicionales y refugios naturales, la caza menor se queda sin casa. No basta con que haya campo: tiene que haber campo vivo.

La agricultura intensiva, la simplificación del paisaje, el uso continuado de determinadas prácticas agrícolas y la pérdida del mosaico rural han reducido refugio, alimento y zonas de cría. Por eso, los planes más serios no hablan solo de cupos o restricciones, sino de recuperar hábitats.

Aquí el cazador no es el problema. Al contrario: muchas sociedades de cazadores son las primeras que siembran, limpian, colocan bebederos, controlan la presión sobre las especies, mejoran refugios y dedican horas y dinero a cuidar un campo que otros solo recuerdan cuando arde, se seca o se abandona.

Predación: gestión, ciencia y equilibrio.

Hablar de predadores suele generar debate, pero mirar hacia otro lado no soluciona nada. En zonas donde la caza menor está débil, una presión elevada de determinados predadores puede agravar aún más la situación, especialmente sobre nidos, polladas y ejemplares jóvenes.

La clave no está en demonizar especies, sino en aplicar control legal, técnico y selectivo, con criterios científicos y dentro de la normativa.

La gestión cinegética moderna no busca eliminar naturaleza: busca equilibrarla. Y eso exige datos, seguimiento, vigilancia y responsabilidad.

Agua, sequía y cambio del paisaje rural.

La falta de agua se ha convertido en otro factor crítico. Menos lluvias, veranos más largos, arroyos secos y puntos naturales desaparecidos afectan directamente a la supervivencia de muchas especies de caza menor.

Un bebedero bien mantenido, una charca recuperada o una siembra pensada para fauna pueden marcar la diferencia. En muchas fincas y cotos, estas mejoras no las hace una administración lejana: las hacen los cazadores, los guardas, las sociedades locales y los propietarios que conocen el terreno palmo a palmo.

Ese trabajo rara vez sale en titulares

¿Y la mala gestión?

También hay que decirlo con claridad: no todo vale dentro del mundo de la caza. Una caza menor débil exige autocontrol, censos, cupos realistas, respeto a los ciclos reproductivos y decisiones valientes cuando una temporada no acompaña.

La caza tiene futuro si se apoya en gestión, no en improvisación.

El buen cazador lo sabe: cazar menos hoy puede significar cazar mejor mañana. Y cuidar una especie cuando está baja es una de las mayores muestras de respeto por la caza.

La caza como parte de la solución.

Frente a quienes presentan la caza como una amenaza, la realidad del campo demuestra otra cosa: donde hay sociedades de cazadores activas, suele haber vigilancia, control, inversión, mantenimiento de caminos, bebederos, siembras, guardería, lucha contra furtivismo y seguimiento de especies.

La recuperación de la caza menor no llegará prohibiendo por sistema ni señalando al cazador. Llegará trabajando el hábitat, colaborando con agricultores, aplicando ciencia, regulando bien la predación, gestionando el agua y poniendo en valor a quienes están en el campo todo el año.

Conclusión: más campo, más gestión y más cazadores responsables.

Necesita agricultores implicados, administraciones ágiles, sociedades de cazadores fuertes, propietarios responsables y una sociedad que entienda que la biodiversidad no se conserva solo desde un despacho.

La pregunta sigue abierta:

¿Qué está matando más a la caza menor: la predación, la agricultura intensiva, la falta de agua o la mala gestión?

Probablemente, la respuesta sea una combinación de todas. Pero también hay una certeza: la caza bien gestionada puede ser una de las mejores aliadas para recuperar el campo vivo.

En CazaPop creemos en una caza responsable, sostenible y útil para el mundo rural. Porque donde hay cazadores comprometidos, hay campo cuidado.

Y donde hay campo cuidado, vuelve la vida.

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