Hace unos días, en Gandia, un vecino perdió la vida en un accidente de moto provocado por la irrupción de un jabalí en la carretera. No es un caso aislado. La sobrepoblación de fauna salvaje, especialmente del jabalí, se ha convertido en un problema que trasciende lo ecológico y lo agrícola: es ya un asunto de seguridad vial y ciudadana.
Los datos de la DGT y de asociaciones agrarias llevan años advirtiéndolo: cada temporada aumentan los accidentes de tráfico provocados por la fauna silvestre. Los jabalíes, adaptables, nocturnos y cada vez más presentes en entornos urbanos, son los principales responsables.
Se estima que en la Comunitat Valenciana se cazan más de 54.000 jabalíes al año, pero aun así la población sigue en aumento.
Los daños no solo se cuentan en campos arrasados, sino también en siniestros viales con víctimas mortales.
A la siniestralidad se suman otros peligros:
Riesgos sanitarios, como la transmisión de enfermedades al ganado y a las personas.
Daños agrícolas y forestales, que ponen en jaque la economía rural.
Alteraciones en los ecosistemas, al desplazar a otras especies o aumentar la presión sobre recursos naturales.
En este contexto, surge una pregunta incómoda pero necesaria:
¿Debe la caza intensificarse como herramienta de seguridad ciudadana más que como actividad recreativa o tradicional?
Los nuevos decretos autonómicos buscan dar respuesta ampliando periodos de caza y flexibilizando trámites. Sin embargo, la discusión de fondo permanece: ¿es suficiente la caza para controlar estas poblaciones, o hacen falta medidas complementarias de gestión, educación y control sanitario?
El debate sobre la caza en España suele centrarse en la tradición, la ética o la conservación ambiental. Pero los accidentes de tráfico ponen sobre la mesa una realidad más cruda: la vida de las personas está en juego.
Jose de CazaPop
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